- ¿Vení Sibilla, el agua está hermosa -mientras jugaba desenfadada. -Una refrescada, nada más. Yo estaba inmovilizada. Sin pensarlo e intentando que todo sucediera rápidamente, me quité el vestido y corrí hasta meterme al agua. Fue divertido. Las gotas nos salpicaban en una especie de guerra de carnaval. Nosotras en vano intentábamos evitar que los chicos nos alcanzaran y nos hundieran como flotas de la batalla naval. Sin embargo la algarabía llegó a su fin cuando Rosita deslizándose como una sirena fuera del agua dijo: -¡Vamos! Los chicos la siguieron sin notar que yo quedaba rezagada. Mi amiga se sentó al sol en una piedra esperando a secarse naturalmente. Yo emergí intentando tapar mi anatomía, que por el efecto que el agua había provocado en la enagua haciéndola trasnsparente, quedaba completamente al descubierto. Ellos parecieron no reparar en mí. La imagen que les ofrecía Rosita era muy atrayente e hipnótica. Como pude me puse encima la ropa sobre el cuerpo mojado y con la incom...