... -Es muy lindo! ¡Cómo podía ser que ella creyera eso si ni siquiera lo había mirado! Sentí como si una granada explotara sobre mi cabeza y me aplastara dejándome pisoteada como una cucaracha. La mínima esperanza que pudiera haber tenido expiraba. Intenté recuperarme y no perder la compostura.Todo debía seguir igual sin que ella sospechara mis sentimientos. -Me invitó al baile que organiza la parroquia y le dije que sí- esgrimió segura Rosita. -Ah -agregó como al descuido- y como me pidió que invitara a una amiga para acompañar a su amigo, le dije que vos venías. Sus palabras sonaron imperativas. No me atraía la idea de que mi cara de tonta deslumbrada por Guiseppe fuera descubierta. No obstante no sé por qué a ella nunca podía decirle que no. Así que frente a mi desprestigiado ropero intenté ver qué podía ponerme. Mi madre insistía con los vestidos llenos de volados y broderie que habían pasado de moda desde que mi hermana Gianna, que ya tenía veinte años, los había usado. ...