...
-Es
muy lindo!
¡Cómo podía ser que ella creyera eso si ni siquiera lo había mirado! Sentí como si una granada explotara sobre mi cabeza y me aplastara dejándome pisoteada como una cucaracha. La mínima esperanza que pudiera haber tenido expiraba. Intenté recuperarme y no perder la compostura.Todo debía seguir igual sin que ella sospechara mis sentimientos.
-Me invitó al baile que organiza la parroquia y le dije que sí- esgrimió segura Rosita.
-Ah -agregó como al descuido- y como me pidió que invitara a una amiga para acompañar a su amigo, le dije que vos venías.
Sus palabras sonaron imperativas. No me atraía la idea de que mi cara de tonta deslumbrada por Guiseppe fuera descubierta. No obstante no sé por qué a ella nunca podía decirle que no.
Así que frente a mi desprestigiado ropero intenté ver qué podía ponerme. Mi madre insistía con los vestidos llenos de volados y broderie que habían pasado de moda desde que mi hermana Gianna, que ya tenía veinte años, los había usado. Pero lo único que heredé de ella fueron sus vestidos, no su suerte con los chicos. Formaba parte de mi vestuario una pollera descolorida y un conjunto blanco que era para las ocasiones litúrgicas especiales, y no era el caso. Así que le dije a Rosita que no la podría acompañar ya que no tenía un vestido digno de semejante evento. Ella como hace una excelente amiga, me prestó uno en el que yo desaparecía.
-Mamá le da unas puntadas y te queda pintado.
¿Por qué le habré hecho caso?, me veía insulsa al lado de su cariz natural. Otra decisión más de la cual arrepentirme. Inmediatamente ella, haciendo uso del poder que tenía para cautivar al prójimo, me dijo:
-Amiga, parecés salida de un cuento.
Y tenía razón, yo era igual al patito feo. Pero todavía lo peor estaba por ocurrir….
¡Cómo podía ser que ella creyera eso si ni siquiera lo había mirado! Sentí como si una granada explotara sobre mi cabeza y me aplastara dejándome pisoteada como una cucaracha. La mínima esperanza que pudiera haber tenido expiraba. Intenté recuperarme y no perder la compostura.Todo debía seguir igual sin que ella sospechara mis sentimientos.
-Me invitó al baile que organiza la parroquia y le dije que sí- esgrimió segura Rosita.
-Ah -agregó como al descuido- y como me pidió que invitara a una amiga para acompañar a su amigo, le dije que vos venías.
Sus palabras sonaron imperativas. No me atraía la idea de que mi cara de tonta deslumbrada por Guiseppe fuera descubierta. No obstante no sé por qué a ella nunca podía decirle que no.
Así que frente a mi desprestigiado ropero intenté ver qué podía ponerme. Mi madre insistía con los vestidos llenos de volados y broderie que habían pasado de moda desde que mi hermana Gianna, que ya tenía veinte años, los había usado. Pero lo único que heredé de ella fueron sus vestidos, no su suerte con los chicos. Formaba parte de mi vestuario una pollera descolorida y un conjunto blanco que era para las ocasiones litúrgicas especiales, y no era el caso. Así que le dije a Rosita que no la podría acompañar ya que no tenía un vestido digno de semejante evento. Ella como hace una excelente amiga, me prestó uno en el que yo desaparecía.
-Mamá le da unas puntadas y te queda pintado.
¿Por qué le habré hecho caso?, me veía insulsa al lado de su cariz natural. Otra decisión más de la cual arrepentirme. Inmediatamente ella, haciendo uso del poder que tenía para cautivar al prójimo, me dijo:
-Amiga, parecés salida de un cuento.
Y tenía razón, yo era igual al patito feo. Pero todavía lo peor estaba por ocurrir….
#LasDesventurasDeSibilla
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