-Desidia-
Rebote certero. Avalancha, vahídos y un punzante dolor en su cabeza. Otra vez las sábanas repeliendo a orín. Esa sensación pegajosa entra las piernas. Olores nauseabundos. La imagen abrumadora con formas indescriptibles que lo acecha. Se agiganta en vano. Lo desoye. La luz tenue del portalámparas en un vaivén descincronizado. Rumores lejanos. Gritos, llantos. Esas jeringas que la alejan. La hacen cada vez más indiferente, como si él fuera invisible, como si no la necesitara. Están en todos lados, en el suelo, en los armarios, buscando abrirse paso entre las mantas descoloridas del único sillón.Siluetas que se mueven desesperadamente en la habitación. Y el quejido final que la tumba. Corridas, golpes de tropiezos desesperados. Sirenas lejanas. Confusión. Una mujer uniformada se acerca a la cuna y lo alza. Siente el calor de un pecho que lo abraza. Las palpitaciones se acomodan y él se calma.
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