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Sentir el viento le fascinaba. Era excitante conducir frenéticamente por la ruta. A través de la ventanilla veía formas distorsionadas que aparecían y desaparecían como flashes por efecto de la velocidad. Se creía invencible. Después la noche lo desafiaba. Lo enfrentaba a lo inesperado e inimaginable. Empezaba a perder el control. A lo lejos adivinó una estación de servicio y decidió parar y comer algo. Al entrar notó una atmósfera extraña. Una ambientación que le sugería introducirse en un tiempo pasado, pero no se distrajo. Una mujer joven con un niño pasó delante de él. Su rostro le resultó familiar. Ella le sonrió con un gesto de tristeza, como si buscara que la perdonara, como si lo conociera. Él intentó advertirle al pequeño que no se alejara de ella, que no se entusiasmara viendo los cómics, pero lo invadió una nostalgia inusitada. Tomó un sandwich y una bebida y esperó en el mostrador a que alguien se le acercara y le cobrara. Nadie lo hizo. Sintió que actuaban como si no lo vieran. Así que tomó sus cosas y se fue. Cuando salió todo recobró su aspecto habitual. Sin embargo dos policías que lo apuntaban con armas le gritaron que dejara en el suelo lo que sujetaba con sus manos y las levantara detrás de la nuca. Notó con sorpresa que tenía mucho dinero, una botella de whisky, un revólver y un río de sangre que chorreaba desde su estómago hasta teñir el asfalto. Escuchó a uno de ellos advertirle que no se resistiera, en ese momento comprendió que la persecución había terminado.
Sentir el viento le fascinaba. Era excitante conducir frenéticamente por la ruta. A través de la ventanilla veía formas distorsionadas que aparecían y desaparecían como flashes por efecto de la velocidad. Se creía invencible. Después la noche lo desafiaba. Lo enfrentaba a lo inesperado e inimaginable. Empezaba a perder el control. A lo lejos adivinó una estación de servicio y decidió parar y comer algo. Al entrar notó una atmósfera extraña. Una ambientación que le sugería introducirse en un tiempo pasado, pero no se distrajo. Una mujer joven con un niño pasó delante de él. Su rostro le resultó familiar. Ella le sonrió con un gesto de tristeza, como si buscara que la perdonara, como si lo conociera. Él intentó advertirle al pequeño que no se alejara de ella, que no se entusiasmara viendo los cómics, pero lo invadió una nostalgia inusitada. Tomó un sandwich y una bebida y esperó en el mostrador a que alguien se le acercara y le cobrara. Nadie lo hizo. Sintió que actuaban como si no lo vieran. Así que tomó sus cosas y se fue. Cuando salió todo recobró su aspecto habitual. Sin embargo dos policías que lo apuntaban con armas le gritaron que dejara en el suelo lo que sujetaba con sus manos y las levantara detrás de la nuca. Notó con sorpresa que tenía mucho dinero, una botella de whisky, un revólver y un río de sangre que chorreaba desde su estómago hasta teñir el asfalto. Escuchó a uno de ellos advertirle que no se resistiera, en ese momento comprendió que la persecución había terminado.
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